Archivo mensual: julio 2012

Algunos textos para reflexionar sobre nuestra tarea I… Los sismógrafos de la esperanza – Joaquín García Roca

Los sismógrafos de la esperanza

            La esperanza está en búsqueda de otros mimbres con los que construir una historia abierta y esperanzada, de nuevos sujetos históricos que sean capaces de universalizarla y de nuevos escenarios donde se domicilia. Mimbres, sujetos y escenarios se condensan en aquellos seres que están amenazados de desesperanza: los excluidos socialmente, los marginados religiosamente, los oprimidos culturalmente, los dependientes socialmente, los minusválidos físicamente, los atormentados psicológicamente, los humildes espiritualmente. Todos esos “don nadie” son lugares privilegiados del surgimiento de la esperanza  y sus sismógrafos ya que como advierte John Berger  “en el lugar de la pérdida nace la esperanza”. Podrían haber sido un fuerte aliado en la actual geopolítica de la desesperanza, pero no ha sido así.

 La esperanza es para los desesperanzados

             La esperanza es para los desesperanzados; para aquellos que la necesitan para vivir, y en aquellas situaciones donde sólo ella puede dar razones para salir adelante. Los instalados y salvados no la necesitan. Mientras una ola de impotencia recorre las sociedades de la abundancia, la esperanza se domicilia en los empobrecidos de los “sures” de la tierra, en los excluidos de los “nortes” del planeta y en las víctimas del Sur y del Norte.

             Los voceros de tiempos sin esperanza sólo proclaman realmente la crisis de su sociedad burguesa, que la hipotecó en una versión muy particular de  imaginar el presente y el futuro, incapaz de imaginarla para todos. La crisis actual  tiene que ver con el fin de un modelo de proyectar el futuro para todos. Los creadores de esperanza hoy no son los portadores de la modernidad, sino sus víctimas y perdedores. Importa, en consecuencia, mostrar que la esperanza producida en ciertos escenarios produce praxis liberadora para todos, y sólo desde ahí, la esperanza se muestra verdadera a pesar de sus oscuros registros.

             De este modo,  la esperanza se desvela por contraste. Acampa donde no se le busca, donde menos se le espera, en las periferias y en los rumores de las víctimas; es allí donde se vislumbra la realidad como esperanza; lo que se oculta a los satisfechos se desvela a los hundidos; en ellos se experimenta la alteridad no manipulable. En confrontación con la inhumanidad, cada época ha construido sus propios relatos de esperanza. Al modo como sucedió con uno de los símbolos mayores de esperanza, la resurrección de los muertos, cuando fue anunciada originariamente a los abandonados y proscritos, a los crucificados y humillados, no a los beneficiarios de la sociedad judía de la época.

             Asimismo, los sujetos históricos de la esperanza serán aquellos que sean capaces de universalizarla, ya que si ellos han podido esperar, nadie está legitimado para desesperar. Si en el interior del Holocausto o en el Gólgota o en los terremotos centroamericanos se esperó, nadie está acreditado para dejar de hacerlo. Si ellos tienen motivos de esperanza, todos pueden tenerlos. En consecuencia, la esperanza de los últimos no es para ellos: desde ellos, se ven engañosas las proclamas sobre una sociedad sin alternativas, desde ellos, se ven mentirosos los discursos actuales sobre el fin de la historia, que sólo sirven para estabilizar la injusticia. Pero sobre todo, desde ellos, se ve encubridor que la humanidad se haya quedado sin imágenes para caminar ya que ellos salen adelante sin imágenes establecidas y guiones previos: no saben demasiado pero lo suficiente para sobrevivir exclusivamente por el dinamismo de la esperanza. En esos escenarios, se camina sin imágenes porque allí la esperanza no está reñida con la oscuridad, como postulaba aquella tradición bíblica, que prohibía hacer imágenes de la tierra prometida a la vez que impulsaba a caminar hacia ella. En la quiebra de un mundo inhumano, se abre el futuro como promesa.

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